lunes, 16 de junio de 2014

NEUROPSICOLOGÍA DEL DOLOR EMOCIONAL





Dolor emocional...¿qué duele cuando duele el alma?


El dolor anímico, o mental, es un estado inaguantable de la mente. A la persona le resulta insoportable, y se hace llamar dolor para describirlo, pese a que con frecuencia la palabra dolor implica un daño físico, objetivable en una herida, hinchazón, desgarro. El dolor mental está fuertemente asociado al suicidio. A veces resulta tan insoportable, que la persona se alegra (la primavera suicida) con el solo hecho de anticipar que el dolor cesará.


En la Universidad de Berna, Suiza, se realizó un estudio mediante resonancia magnética funcional cerebral, en personas que habían tenido intentos de suicidio. Con una recopilación de los sucesos autobiográficos de sus vidas, lograron reconstruir los momentos en que estas personas estaban padeciendo dolor mental, cuando estaban en estados anímicos neutrales y cuando empezaron a planificar la conducta suicida. ¿Qué hallaron? Que cuando padecían dolor mental tenían una desactivación (significa que funciona ‘de menos’, la actividad neuronal demanda poca oxigenación) de las zonas relacionadas a la corteza prefrontal, específicamente, las áreas de Brodmann 6, 10 y 46. Son regiones asociadas a la planificación, a la conducta ejecutiva, al trazado de metas, a la fijación de objetivos. Ahora, ¿qué sucedía cuando esas personas planificaron el suicidio? Se produjo una activación de las regiones mencionadas, con una consecuente disminución del dolor mental. Sin embargo, la planificación de la conducta suicida implicó que otras zonas empezaran a activarse: el hipocampo y la corteza prefrontal medial, ambas relacionadas con la memoria, y en especial, de hechos autobiográficos. 


Pocas personas pueden comprender el dolor emocional, porque el dolor se suele asociar a cualquier parte del cuerpo y para buena parte de nuestra cultura, lo mental, anímico o psíquico continúa siendo de una sustancia diferente a lo orgánico. Sin embargo, los investigadores belgas Kent van Heeringen y colaboradores, de Gent, encontraron que una significativa proporción de pacientes suicidas lo hacían para liberarse de un ‘dolor emocional’ absolutamente insoportable, y estaba estrechamente relacionado con altos indicadores objetivos de depresión. Ellos también le llamaron ‘dolor social’, porque la aparición de la depresión se relaciona con los rechazos interpersonales, que suelen abarcar un amplio abanico de fenómenos e interpretaciones de fenómenos.


Se encontró mediante estudios de neuroimágenes que en personas sanas, la incorporación de ‘dolor social’ causaba activación en la corteza cingulada anterior y en la parte derecha de la corteza prefrontal. Esto indica que hay solapamiento entre el dolor emocional o social y el dolor físico. Esto ha sido recuperado por los evolucionistas quienes interpretaron que el dolor emocional proviene de una producción de dolor físico para amenazar al individuo a que modificara algunos comportamientos o corría riesgo su aceptación por los otros miembros de su especie. Se debe destacar entonces que el dolor emocional tiene las mismas zonas de activación que el dolor llamado físico, por lo tanto, cuando una persona depresiva indica que ‘le duele el alma’ concretamente está recibiendo dolor, y es esa la cuestión tan compleja a la que deben afrontar los profesionales terapéuticos… El rechazo social: ¿en qué enredos se introduce? Por ejemplo, ¿qué rechazos sociales pueden provocar dolor? ¿Cuánta predisposición existe en una persona ‘a sentirse rechazado’? Objetivamente: ¿cómo se puede precisar el ‘apartamiento social’? Y sin embargo, este enredo, que parece inmerso en una subjetividad tras otra, tiene correlatos empíricos que ‘alivian’ a los terapeutas. Las personas con dolor anímico suelen tener poca frecuencia objetiva de contacto social, suelen ser evitativas y, más concreto aún, suelen tener escasos recursos de regulación emocional.


Un hallazgo muy interesante es que en la depresión puede haber o no presencia de dolor mental. Las personas con altos niveles de dolor mental suelen puntuar también alto en la escala de desesperanza dentro de la medición de la depresión. Una de las dimensiones de la depresión es la desesperanza, las puertas del futuro están cerradas una por una, así lo percibe la persona, y más allá de esta metáfora, cuando así es la percepción, el dolor mental comienza objetiva y físicamente a aparecer con su intensidad devastadora.


Uno de los más elevados casos literarios de dolor mental es Werther, el personaje de Goethe que padece su amor por Carlota de un modo gradualmente destructivo y melancólico. Progresivamente, la sombra de Carlota cae sobre su yo y Werther solo puede aliviarse quitándose la vida. En la época de su publicación, escandalosa fue la cantidad de suicidios que siguieron a la divulgación de la novela. Werther encarnaba el espíritu de la época romántica, una cultura sexual que hacía del amor cortés una sacralización. Werther visitaba a diario a 'Lotte' y hacía de sus visitas una acumulación de recuerdos que intempestivamente se volvieron contra él mismo, hasta aniquilarlo. Difícil que un amor de juventud no encuentre en las penas de Werther algún reflejo especular. 

Artículo publicado por el autor en www.multivariada.com

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